ESPIONAJE INDEPENDENTISTA

En 1972 salió a la luz el “Caso Watergate”, un escándalo del que todo el mundo habrá oído hablar y que supuso la única dimisión, hasta el momento, de un primer mandatario de Estados Unidos en la historia. Una trama, dirigida y orquestada por las autoridades gubernamentales de Estados Unidos, entre ellas el presidente Nixon, para espiar las oficinas del Comité Nacional del Partido Demócrata en Washington.

Al leer sobre esta historia de espionaje, uno puede llegar a creer que está ante una espléndida novela de ficción, al puro estilo Vázquez Montalbán, con todos sus elementos característicos: violencia, chantaje, sobornos, miembros del cuerpo de inteligencia, políticos, etc.; cuyo fin es sólo entretener y hacer que el lector disfrute.

Pues es la misma sensación – la de estar ante una obra de ficción, no la de disfrute – que he tenido al despertarme y leer en la prensa que la Generalitat tuvo un servicio ilegal de espionaje a través de los Mossos d’Esquadra, con el objetivo de espiar a los políticos, abogados, periodistas y activistas de la sociedad civil catalana que podían suponer un problema para las aspiraciones políticas de las fuerzas independentistas catalanas.

Esta ilegalidad – como también fue la de Nixon –  es preocupante, creo que no debe quedar en una mera anécdota y con este escrito pretendo explicaros el por qué.

En primer lugar, porque supone una clara persecución política hacia aquellos que no están de acuerdo con las tesis nacionalistas catalanas. ¿Para qué? Puede preguntarse alguno. Pues para tenerlos identificados, saber qué piensan y si suponen o no un verdadero riesgo para los intereses nacionalistas. Resulta especialmente grave y alarmante como una autoridad política, cuyo poder le ha sido conferido por la ciudadanía para gobernar de la mejor manera los intereses generales, abusa de ese poder de esta manera. Algunos seguro que serán capaces de ideárselas para justificar esta fechoría, como lo hacía la policía-política de épocas fascistas, argumentando que el bien perseguido era notoriamente superior, ya que como rezan algunos, la independencia lo puede todo. Pues yo, a esos iluminados les digo que no. Que una causa política – y menos la vuestra, particular y egoísta – no justifica estos actos. No lo es porque supone hacer un mal uso de las herramientas de las que te dota el sistema, supone jugar sucio y supone atentar contra derechos y libertades fundamentales de las personas.

En mi defensa, para los más que presumibles ataques de aquellos que se sientan ofendidos o incluso aludidos por estas letras, diré que no es que sea yo el loco iluminado que arguye estas vulneraciones, sino es que son los propios actores de esta obra los que sabían que lo que estaban perpetrando olía mal. Así se entiende cuando los Mossos fueron pillados in fraganti intentando destruir las pruebas del delito en un incineradora pocos días antes de que el Gobierno aprobase un Decreto, que todos sabíamos que tarde o temprano iba a ser aprobado, para intervenir la Generalitat de Catalunya.

Es curioso como aquellos que, tras ver cierto documental financiado por cierto empresario declarado abiertamente independentista, se llenaban la boca denunciando la trama de espionaje a la que estaba siendo sometida Cataluña por parte de las autoridades estatales ahora callan, miran para otro lado y hacen oídos sordos ante estos hechos.

Pero claro, es difícil llegar a estas conclusiones cuando sólo se mama de ciertos medios de comunicación que están al servicio de la misma causa que perseguían aquellos que cometían las ilegalidades. Es por eso por lo que ya no sorprende ver como esta noticia es relegada a un segundo plano, explicándose por encima en cuestión de segundos, o ni eso.

Por otro lado, estos hechos a los que algunos, de forma intencionada, quieren restarle importancia con el fin de que queden en el olvido, deben ser perseguidos y juzgados con el objetivo de averiguar quién o quiénes daban las órdenes y bajo qué pretexto.  No es que me caracterice por ser un revanchista, pero eso no me exime para exigir que se depuren responsabilidades dada la especial trascendencia del asunto.

Esta trama de espionaje fallido, ceo que muestra muchas similitudes con lo que es el independentismo catalán: un proyecto frustrado, basado en mentiras – al igual que lo es el espionaje- que ha pretendido engañar, pero ya no sólo a sus rivales sino a los suyos también.

 

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